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De Cuba a Miami


La distancia física entre estos dos puntos ( Cuba-Miami) es extremadamente corta, yo diría que se difuminan en el mar con tal naturalidad que a penas nos damos cuenta; me recuerda a esos elípsis cinematográficos tan bien logrados de Kubrick, quién logra en apenas unos segundos dar ese salto temporal de un pasado remoto a un futuro distòpico en el simple lanzamiento de un hueso al firmamento. Un viaje de pocos minutos que a mí me tomo 19 años, propiciado caprichosamente por la misma vida y también por falta de interés. Considero que el "Señor" que escribe el guión de mis destinos decidió enseñarme primero otros paisajes, como si necesitara primero "digerir" otras tonalidades de colores antes de entender un cuadro abstracto en blanco y negro, escalado en millones de grises.


Así, mi corazón migrante fue transportado por el Arte a la ciudad de Miami, paralelamente mi cuerpo y mi mente se habían convertido en recipientes que cargaban recuerdos, simbolismos, doctrinas, prejuicios, abrazos que nunca se dieron, palabras que no se dijeron, ¡cuán infinito es el espacio subjetivo de un ser humano, y cuanto peso puede cargar!. Afortunadamente, el hilo invisible que une todos esos retazos aislados era el amor, y desde ese estado se construyeron puentes que unieron generaciones, que disiparon nubes cargadas de llantos históricos. Fue uno de los viajes mas tranquilos de mi vida, llegué a creer que todos estaban en complicidad para hacérmelo más fácil, sentí como si este país me estuviera esperando desde hacia tiempo. Desde que el avión me depositó en tierra, había algo extraño en el ambiente, demasiado familiar, las tonalidades en las voces, el ritmo de los pasos, las gesticulaciones, en fin todo aquel contenido ya lo conocía, ahora se habían vaciado en otra forma más próspera que me acogía con naturalidad; yo esperaba un "Welcome", pero no hizo falta, basto con el saludo cariñoso de quién ve a un paisano, y en la armonía de este ambiente, muy cómodamente salí del aeropuerto.


Afuera ya me esperaba otro evento extraño, me esperaba un familiar, no tenía que tomar un taxi, o decirle a alguna amiga, no, mi prima pasó por mí porque teníamos un cumpleaños, y al llegar éramos muchos co-sanguíneos que nos fundimos en abrazos besos y recuerdos. Quizás te parezcan normales estos eventos, no lo era para mí, este baño de familia en el extranjero era un bálsamo que curaba cicatrices de quién vestía 19 años de "zapatos desgastados" en caminatas solas por otras zonas lejanas de mi Cuba natal. En el teatro, mis coterráneos, el productor, el portero, el tramoya y todos en general me hicieron sentir en casa, y al salir de la función por primera vez en mi vida tenía un grupo de familiares esperándome, es hermoso bailarle a un público desconocido, pero es alucinante bailarle a la familia, y fué quizás la mejor forma de explicarles quién soy y que he echo todo este tiempo.


Guardaré esta experiencia en los Estados Unidos, en la ciudad de Miami, como una de las más lindas de mi vida, un gran inicio de una nueva etapa, llena de sueños, de amor y amistad. Y cuando me hablen de "distancias" entre estos "dos puntos" evocaré este recuerdo, esta sensación que me hicieron sentir, y decir "estoy en casa otra vez".



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